Iglesias mozárabes del Serrablo

ermitas

El grueso de las iglesias mozárabes la componen un total de diecisiete iglesias levantadas entre los siglos X y XI, erigidas para acabar con la abundante tradición pagana de sus habitantes y para aglutinar a las gentes en pequeños pueblos que nacieron a la sombra de estas iglesias.

El Serrablo, con la espina dorsal en el río Gállego, era zona poblada de mozárabes, cristianos súbditos del Waliato de Huesca, que desconocieron los movimientos de liberación fomentados por la política de la corte carolingia en el siglo IX y que permanecieron fieles a las autoridades musulmanas oscenses.

Si bien es cierto que las iglesias mozárabes de la comarca son las más conocidas y visitadas, no hay que olvidar un buen número de monumentos religiosos, a los que se podría calificar como románico rural, que ofrecen también un indudable interés. Suelen presentar una sola nave rectangular con cabecera semicircular y pertenecen a los siglos XII y XIII. En la ribera del Gallego destacan las iglesias de Espierre, Sorripas, Rapún, Orna, Latre y Javierrelatre. En el valle de Basa, las de Allué y Orús. Y en la Guardaguera, las iglesias de Ceresola y Arruaba son las que merecen una mayor atención.

Iglesias del Serrablo

Artó……… Iglesia de San Martín
Basarán…… Iglesia de San Urbez
Busa……… Iglesia de San Juan Bautista
Espierre….. Iglesia de San Juan
Gavin…….. Iglesia de San Bartolomé
Isún de Basa. Iglesia de Santa María
Lárrede…… Iglesia de San Pedro
Lasieso…… Iglesia de San Pedro
Latre…….. Iglesia de San Miguel
Oliván……. Iglesia de San Martín
Ordovés…… Iglesia de San Martín
Orna……… Iglesia de San Miguel
Orós Bajo…. Iglesia de Santa Eulalia
Orús……… Iglesia de San Juan
Otal……… Iglesia de San Miguel
Satué…….. Iglesia de San Andrés
Susín…….. Iglesia de Santa Eulalia

El prototipo de templo serrablés consta de una nave rectangular culminada con un ábside visigótico enriquecido con la sustitución de la cabecera rectangular por un diseño semicircular de tradición carolingia. Los maestros serrableses adoptaron del arte musulmán la torre-campanario, las ventanas bíforas y tríforas de arquillos de herradura y el alfiz de puertas y ventanas. Además, de la iglesia visigótica mantuvieron la disposición de la nave con acceso por una puerta de arco de herradura; y del arte carolingio introdujeron la decoración de arcos ciegos y friso de baquetones en el ábside. Este modelo exclusivamente serrablés, destaca por el acierto en la conjugación de tan diversos elementos artísticos y por la innegable belleza resultante.

Cabe señalar que se trata de iglesias de muy reducido tamaño. Sus naves son de planta rectangular, con la excepción de San Pedro de Lárrede, que es de cruz latina, y tienen sus ábsides en el lado oriental. En varios casos disponen de naves laterales adosadas a la principal, como son Basarán, Oliván, Lasieso etc, pero siempre de construcción muy posterior a la edificación original.

Los muros laterales son distintos, ya que los orientados al norte son totalmente ciegos, siendo el muro sur donde se sitúan tanto las puertas como los vanos que iluminan interiormente (salvo en el caso de Ordovés). Como hemos indicado el muro norte no tiene ningún vano o abertura, lo cual se debe de explicar con arreglo a las condiciones climatológicas de la zona. El paramento sur, correspondiente al lado de la epístola, se organizaba con la base del sistema de fenestraje que ilumina la nave. En él se practicaban de tres a cinco ventanas, caso éste de Lárrede, más la puerta de ingreso a la iglesia. En el hastial de los pies o muro occidental, se practicaba una ventana -de uno o varios vanos- para iluminar la zona del imafronte de la nave.

Son varios los modelos de ventanas conservadas, que constituyen el elemento decorativo del mozárabe oscense. Pueden ser de uno, dos o tres vanos, de arco semicircular o de herradura, pudiendo estar o no enmarcadas por un alfiz.

Ventanas de un solo vano se presentan en las torres de San Bartolomé de Gavín y Yésero, en arco de herradura de labra muy tosca. De dos arcos concéntricos de medio punto, enmarcados en alfiz, tenemos ejemplos en Lárrede y sin estar enmarcados por el alfiz se pueden ver en Isún y Orós Bajo. Las iglesias de Rasal y Ordovés presentan ventanas de un solo vano que son simplemente aspilleras.

Dentro de la teoría de ventanas, el muro occidental de Lárrede y el meridional de Susín poseen ventanas con dos pequeños arcos de herradura muy cerrados, enmarcados por otro semicircular y enmarcado por alfiz.

Con tres arcos de herradura y alfiz se pueden ver en el muro occidental de Busa y en el cuerpo superior de la torre de Lárrede. Estas tríforas son características de la torre-campanario que tipifica el grupo. Asi como las vemos en arco de herradura con alfiz en Lárrede y Busa, las de San Bartolomé de Gavín debido a su mayor antigüedad no presentan alfiz. Lasieso presenta, en su torre, triforas en arco de medio punto, de labra tosca, que preludian el primer románico aragonés.

Hay que señalar que la torre de Oliván, recientemente restaurada presenta indicios claros de haber poseído una trifora antiguamente.

El otro elemento más característico de estas iglesias es la torre-campanario de inspiración siria. Se trata de torres muy esbeltas, con decoración de ventanas tríforas y frisos de baquetones en los más destacados casos, que van reduciendo su tamaño conforme van ganando altura. Van cubiertas con bóvedas esquifadas y tejados a dos o cuatro vertientes.

Las ventanas que se sitúan en estas torres o a veces en los muros, tienen un elevado contenido decorativo y son de uno, dos o tres vanos, construidas con arcos de herradura o de medio punto. En algunos casos van enmarcadas por un alfiz. Tal vez las mas bellas sean las de San Pedro de Lárrade, San Bartolome de Gavín o la parroquial de Susín.

Existe una clara relación entre este grupo de iglesias y la mezquita siria de El Omaria, en la ciudad de Bosra. Es obvio reiterar la extraordinaria esbeltez de estas torres -como la de Larréde- que las pone en relación con la esencia arquitectónica de los minaretes del mundo islámico.

El paso del tiempo ha estampado sus huellas en sucesivas alteraciones de su estructura primitiva. Así se puede ver en la torre de Larréde, en la cual se rompió una trífora para colocar dos ventanas en arco de medio punto, lo suficientemente amplias para poder servir al fin de campanario. En Oliván, sin embargo, fueron tapiadas las tríforas y quizás destruidas a finales del siglo XVI posiblemente.

La torre-campanario, esbelta al uso de los minaretes, presenta como únicas aberturas las tríforas de sus cuatro caras siempre en su parte superior. Sobre la franja que las incluye, rematando los paramentos, corre un friso de baquetones típico de los ábsides serrableses. Se cubre con tejado, de losas de pizarra del país, a cuatro vertientes apoyado al interior en la bóveda esquifada que cubre el espacio interno de la torre.

En la franja intermedia de la torre se pueden apreciar ventanas de doble arco en Lasieso y en Guasillo, esta última ya en el Campo de Jaca. La parte baja de la torre presenta vanos en los casos de San Bartolomé de Gavín y en Yésero consistentes en ventanas, a modo de saetera, de tosca factura y con arco peraltado -en Yèsero- y de herradura en el caso de Gavín.

Esta última torre de Gavín presenta dos rosetas en cada cara, compuestas por una docena de dovelas dispuestas en circulo y abiertas en óculo en su centro. Este conjunto decorativo es único en todo el arte oscense y nos parece que pertenece a la tosquedad y rusticidad de la decoración arquitectónica prerrománica del siglo X.

La puerta típica de estas iglesias es, sin duda, la puerta en arco de herradura, bien esté circunscrito o no dicho arco en el típico arco rectangular musulmán denominado alfiz o arrabá. San Bartolomé de Gavín y Cartirana no presentan alfiz mientras lo tienen las puertas de acceso de Lárrede y Busa.

No puede descartarse, dentro del grupo, la puerta de arco semicircular, o de medio punto, construida a base de sencillas dovelas como se da en Isún de Basa. Único es el caso de Rasal en el que la puerta de acceso está terminada por una gran losa colocada a modo de dintel.

En la puerta de Busa, en su lado interior, se puede ver un arco semicircular de descarga que se repite en algún caso más. Por último hay que señalar que en San Bartolomé de Gavin y en Lárrede se accede al cuerpo de la torre por una puerta en arco de herradura.

Los arcos utilizados son el arco de herradura y el arco semicircular. En Lasieso se puede constatar la presencia, excepcionalmente del arco peraltado en una ventana amainelada aprovechada en la iglesia grande o canonical de Lasieso. En la tipología del arco de herradura se observan dos modelos, que nos han conservado estos monumentos, en el típico arco de herradura y en el ultrasemicircular. El ultrasemicircular no presenta la tipología propia de ese arco, sino que corresponde a un cuarto de circulo, cuya curvatura es continuada por arcos de otras circunferencias, inscritas en aquella, hasta formar los entrantes de la herradura. Se ha denominado arco de herradura rebajado y es propio del arte mozárabe oscense. Este arco nos da la impresión de ser un arco de herradura mal resuelto, tal vez por falta de espacio para su trazado ortodoxo. Este arco se emplea, exclusivamente, como arco de entrada al ábside y como tal se halla en Lárrede, Busa, Oliván y Rasal.

Las cubiertas de estas iglesias solían ser de armadura de madera en prácticamente todos los casos, aunque reformas posteriores se hicieron en piedra en algunos casos, constituyendo bóvedas de cañón, como en el caso de San Pedro de Lárrede. Para apoyar la labor sustentante de los muros, en algunas de ellas se construyeron contrafuertes. Los ábsides llevan la cubierta con bóveda de horno.

También cabe reseñar que la decoración de estas iglesias están hechas con la arquitectura, careciendo de cualquier tipo de tallas o inscripciones (con salvedad de Gavín en la torre) o los caracteres cúficos en la portada de Busa. Esta decoración arquitectónica se basa en los arcos ciegos y los frisos de baquetones de los ábsides, en las ventanas tríforas o simples, y en los alfices que enmarcan puertas y ventanas. Con estos simples elementos se consiguen soluciones de gran capacidad estética, de las que algunas iglesias toman todos los elementos o algunos de ellos aisladamente.

Los templos de Serrablo permanecieron lejos del gran público hasta 1924, cuando Rafael Sánchez Ventura descubrió un grupo de iglesias en el curso del río Gállego. Once años después publicó un estudio donde afirmaba que “parecen traducir estas iglesias un mozárabe mal interpretado y peor conocido, de principios perdidos y lejanos, algo así como un sentido tradicional sin modelos directos”. Fue el inicio de una larga polémica sobre el origen y las influencias de estos templos que culminó en 1973 con el reconocimiento del mozarabismo de estas construcciones.

Los ábsides suelen estar orientados hacia oriente.

A pesar de que la iglesia de Lárrede se nos presenta con cubierta de bóveda, el sistema de cubrir estas iglesias sería con techumbre plana de madera y su correspondiente tejado a dos vertientes. Ya señaló René Crozet que, el caso de Lárrede, “puede tratarse de una solución dada por la restauración del año 1933” a la que había antes, otra barroca, con lunetos al uso del estilo.

Lárrede y Busa, dotada tras su restauración por Amigos de Serrablo de su primitivo sistema de cubierta plana con madera, presentan en su interior tres y dos pares, respectivamente, de pilastras de perfil bilobulado con grandes losas por basa y capitel. Los fustes están formados por sillares labrados en semicírculo o tambores.

Tanto la disposición estructural de los muros como la solidez de los elementos sustentantes nos indican la posibilidad de que no fueran pensadas para sostener bóveda de cañón. San Juan de Busa nos presenta un pequeño problema al respecto: La estructuración de sus muros nos parece que se destinara a sostener una cubierta en bóveda de cañón, sin embargo en el imafronte de la iglesia se observa, perfectamente, el hueco en forma de cuña dejado al desplazarse hacia el exterior el muro del lado del evangelio. Este desplazamiento parece ser debido a un peso excesivo en la cubierta, en una cubierta de bóveda de cañón. Es posible que los constructores de Busa plantearan el trazado de la bóveda pero les falló la fabrica de la iglesia que no estaba preparada para tal.

Al exterior: Busa, Satué, Orós Bajo y Rasal presentan contrafuertes en la conjunción de la nave con el ábside. Destaca sobremanera el planteamiento del contrafuerte en el caso de San Juan de Busa. La iglesia de Isún nos presenta un sistema más completo de contrarresto de empujes en los machones, en la facies exterior del muro occidental, a manera de prolongación de los laterales.

El aspecto mas interesante de las cabeceras de estas iglesias serrablesas lo presenta la solución decorativa que se la al ábside, en su cara exterior, así como la tipología que nos dan su plantas.

Los ábsides se nos presentan distribuidos en cuatro tipos: el ábside rectangular que se da en San Bartolomé de Gavin, en Santa María y en San Juan de Espierre; el ábside semicircular en el interior y rectangular en el exterior como en San Úrbez de Nocito; el ábside semicircular, por dentro y por fuera, que podríamos señalar como el típico y más generalizado, y el ábside ultrasemicircular que puede tener forma de arco de herradura o peraltado como se dan en Oliván, Rasal y Ordovés.

El acceso de la nave al ábside se marca por el arco-triunfal, o de entrada, seguido de un segundo arco que sirve de cierre al abovedamiento absidial. En las construcciones más primitivas el arco triunfal tiende al de herradura, mientras el segundo, también irregular, es de medio punto. Así se ve en Larréde, Busa y Rasal. Satué, por el contrario, presenta los dos arcos de medio punto.

El exterior de los ábsides rectangulares no presenta ningún tipo de decoración. Sin embargo el no rectangular ofrece una curiosa combinación de dos elementos claramente decorativos: el friso de baquetones y las arcuaciones murales ciegas.

Presenta el ábside de cinco a nueve arcadas semicirculares ciegas, en la central de las cuales se abre una ventana abocinada que puede complementarse con otras dos, de medio punto, como en Otal. Por encima de la arcuacion corre horizontalmente al ábside un cordón moldurado, en forma de bocel, sobre el cual se asienta el friso característico constituido por medios cilindros dispuestos verticalmente. Sobre estos baquetones se apoya una o dos hiladas de sillares estrechos y salientes que forman una especia de cornisa que tiene el tejaroz.

Ejemplos tipo de ábsides pueden ser el de Otal, único con nueve arcadas y tres ventanas, el de Lárrede con siete arcadas, pero con una ventana solamente y el de San Juan de Busa con cinco arcos ciegos y una sola ventana. Gavín es el típico ábside rectangular sin elementos decorativos al exterior y Ordovés, junto a la primitiva de Lasieso, son muestras de un nuevo intento de composición absidial, ya que sólo presentan baquetones habiendo desaparecido los arcos ciegos de medio punto. Oliván es de destacar que tiene con siete arcuaciones tres ventanas absidiales, ventanas descubiertas en la reciente restauración.

Cronológicamente, se advierten cuatro etapas constructivas entre el 950 y el 1050.

El “primer mozárabe”, hacia el 950 comprende tres iglesias de nave única terminadas en ábside rectangular y sin alfiz. Son las de San Bartolomé de Gavín y las dos de Espierre, San Juan y Santa María.

Entre 960 y el 1000, se desarrolló un “segundo mozárabe”, el que aparece el alfiz, el friso de baquetones, las arcadas ciegas, el arco de herradura y las torres-minarete (de influencia siria). Se engloban en este grupo las iglesias de Lárrede, Busa, Otal, Basarán, Rasal y Gavín, actualmente restaurada en el Parque de Sabiñanigo. Debieron ser construidas por una cuadrilla del país conocedora del arte musulmán oscense y de los modelos carolingios.

El “tercer mozárabe” abarca desde el año 1000 al 1024. Se caracteriza por el abandono del arco de herradura y el alfiz, aunque conserva la torre y la decoración exterior del ábside. Buenos ejemplos son las iglesias de Lasieso, Orós Bajo, Satué, Ordovés e Isún, obras de diferentes maestros que mezclaron la tradición con las tendencias europeas de los monjes de Cluny.

El “cuarto mozárabe” o “mozárabe lombardo” se extiende hasta el año 1040. En este mozárabe lombardo se hereda la tradición indígena el friso de baquetones y se aporta, como novedad vanguardista para el momento, la teoría de arcuaciones lombardas. Sus ejemplares conservados se encuentran en la comarca del Campo de Jaca, concretamente en Banaguás y Lerés.

Una iglesia típica serrablesa seria:

  • Un templo rectangular de dimensiones 4 metros X 11 metros terminada en ábside semicircular o rectangular
  • Verticalizada con una esbelta torre campanario que se levanta tanto en el flanco norte como en el sur
  • Ventanas semicirculares y de herradura
  • Puerta o portada de arco de herradura
  • Tejado de madera a dos vertientes
  • El ábside suele estar decorado con friso de baquetones y arcadas murales ciegas

Este artículo está pendiente de completar con documental propio e información de todas las iglesias mencionadas.

Fuente principal del texto de este artículo: http://www.jdiezarnal.com/serrablo.html

Nota: Los textos aquí recogidos proceden de libros, folletos, periódicos, paginas webs y folletos turísticos en los cuales no se hace mención de titularidad alguna de derechos.

De aquellos textos que mencionan el nombre del autor destacamos: Web: (Amigos de Serrablo) www Web: www.fortunecity.es/bohemio/clasicismo/233